Esta tarde, entre cabezada y cabezada, he estado viendo un documental en el National Geographic Channel.
Una madre leopardo enseñaba a su cría a cazar. El cachorro no acertaba a terminar con la vida de la joven gacela que su madre le traía. Cuando la gacela arrancaba a correr intentando escapar el instinto le impulsaba a perseguirla y derribarla pero no se apreciaba en él ese otro instinto, el instinto asesino que caracteriza a los depredadores y que necesitan para sobrevivir. Finalmente, el cachorro, que al principio se limitaba a esperar la huida de la gacela, aprende la lección: perseguir y atrapar no son más que el preludio de matar.
Tras los mundiales de 2003 y 2005 Raikkonen ha hecho sangre este año. En un final de temporada memorable, esperando a la última carrera, a la última curva, destrozó al equipo McLaren y sesgó las esperanzas de Hamilton y Alonso reclamando su puesto en la leyenda de la F1 y de Ferrari.
Kimi, el eterno aspirante, ya es un depredador…